Wednesday, February 13, 2008


La semana pasada se inauguró con bombo y platillo el museo nómada, estructura de bambú que domina buena parte del Zócalo capitalino. El recinto se convirtió instantáneamente en el suceso cultural del año: 30 mil visitantes en tan sólo dos días. Sin embargo, cabría preguntarse cuál es el verdadero discurso de la muestra de Gregory Colbert, así como la tramoya de las políticas culturales del GDF. El siguiente ensayo, “El new age nómada: Ashes and Snob”, aporta una visión crítica que, ante todo, nos advierte sobre los riesgos y perversiones de confundir arte con espectáculo.


El museo nómada: una mentira disfrazada de arte
Por JOSÉ LUIS BARRIOS

Emulando un cuadernillo hindú de papel hecho a mano, recibí el pasado martes 15 de enero una invitación para asistir a la recepción privada organizada por The Rolex Institute con motivo de la pre-inauguración de la exposición Ashes and Snow del artista Gregory Colbert. Desde luego fue un evento con todo y alfombra roja y la asistencia de distinguidísimas personalidades del mundo del arte y la cultura, ese mundo donde se confunde (¿deliberamente?) a la Callas con Maribel Guardia, a López Dóriga con Alain Finkielkraut. Bastó con entrar al recinto nómada de varios millones de pesos y 5 mil 600 metros cuadrados para de inmediato darse cuenta de la obscenidad con la que funcionan las relaciones entre poder, arte y política. Vayamos por partes:

1. De la vida como materia estética a la estetización de la vida en la obra de Gregory Colbert
El new age ha sido durante las últimas tres décadas una de las versiones con las que el confort moral de la sociedad pequeño burguesa ha querido reconciliarse con el mundo natural. Si bien es cierto que en la Historia del Arte y de la Cultura las relaciones del arte con la naturaleza han sido una constante, también es cierto que en esta relación la naturaleza ha sido el trasfondo sagrado en el que se soporta el conflicto fundamental entre la vida y la humanidad. El new age, como toda falacia, parte de un engaño: la idea de considerar que la naturaleza, lo vivo, habita en estado de armonía consigo misma y que en algún momento existió un paraíso perdido donde la serpiente y el hombre convivían en paz perpetua. Como ya lo observara Adorno en el primer tercio del siglo XX: cuando se quiere explicar los hechos históricos y los procesos sociales y culturales por la construcción mítica de lugares originarios y anteriores a la historia, lo que se produce es un engaño. Un engaño que en el caso de las fotografías de Colbert se fabrica en tres registros: 1. La falacia de pensar que la fotografía es verdad porque toma lo real. Ya sus encuadres, tomas y desde luego la pose, nos muestran que esas imágenes dependen de la mirada del fotógrafo. No hay realidad porque no hay punctum o accidente, como afirmara Barthes. Apelar a la paciencia de la naturaleza para justificar la posibilidad de estas imágenes supone sobre todo pensar que entre el paisaje que depende de la mirada del artista y la vida animal existe una complicidad que no encuentro cómo justificar, y que en el mejor de los casos es una proyección de la fantasía del sujeto o sujetos sobre la vida natural. 2. La exotización del otro como el único humano que es cómplice de la naturaleza y que verdaderamente la comprende. Esto quizá sea uno de los aspectos más problemáticos de estas fotografías. No sólo la vida animal está pensada desde una nostalgia más bien conservadora de lo que es la naturaleza, sino que al ubicar al otro (niño, mujer, etc.), la mirada del artista reproduce las formas de representación colonialista y logofalocéntrica de Occidente. El abuso de modelos infantiles en sus fotos son un recurso retórico que no funciona de manera muy distinta a la ética de la piedad del Teletón. 3. Finalmente, construir un espacio estético-fotográfico de representación a partir de una des-historización mítica del otro exótico y la naturaleza, no significa la realidad de la relación rural y el otro como salvaje, sino más bien la imposición de la mirada del artista como Sujeto colonizador que estetiza la naturaleza para el deleite contemplativo del habitante de la modernidad postindustrial, más si éste es el hombre-masa para el cual la naturaleza significa sobre todo disfrute y placer: la playa o la aventura. Un niño dormido sobre un elefante o unos chitas que pacientemente están echados a lado de unos seres humanos, emulan una nostalgia por un paraíso que en realidad nunca existió. Colbert fabrica una paz y una armonía que funciona más como consuelo que como realidad. Habría que preguntarle a un indio o a un africano si el paisaje es tan puro y los animales tan generosos, y si la vida humana se entiende sin el significado ético que tiene el trabajo en las relaciones entre cultura, arte y naturaleza.

2. El espacio nómada: bambú y concreto
Si Colbert estetiza al otro y a la naturaleza para des-historizarlos y despolitizarlos, la reciente política de cultura y deporte del Gobierno de Distrito Federal (viejo concepto de las relaciones entre arte y ejercicio de los regímenes populistas), léase pista de hielo y museo, pareciera que tiene un pobre entendimiento de la noción de espacio y arte público. Si bien es cierto que la reapropicación del espacio público por sus habitantes es una estrategia correcta de neutralización de la violencia cotidiana, esto no significa que cualquier actividad o evento artístico por hacerlo tenga sentido. No voy a discutir en este espacio la función política del arte como crítica y reconfigurador de la experiencia de lo común, que en última instancia es lo que define la relación entre estética y política, pero es sobre esta idea sobre la que habría que definir o al menos problematizar las políticas culturales no sólo del D.F. sino del país completo, en torno al sentido de las relaciones entre arte y espacio público. Sin embargo, considero oportuno tomar en cuenta esta idea para aproximarnos a las implicaciones que tiene no sólo el concepto de nómada sino también el de museo en el contexto del Zócalo como el sitio público más importante, por lo menos simbólicamente, de todo el país.
Quizá lo más rescatable de la “intervención” de Colbert en el Zócalo sea la construcción efímera que realizó el arquitecto colombiano Simón Vélez. Sin embargo, no basta con la buena realización tanto estética como técnica para que una construcción de tales dimensiones tenga sentido en un espacio como el Zócalo. Desde el problema de las relaciones de escala horizontal y vertical con la plaza, hasta su función, son problemáticos. A esto habría que añadir la confusión, que no es meramente semántica, de llamar museo a lo que es una mera museografía, es decir, a una escenografía que soporta una puesta en escena. Algo similar sucede con el concepto de nómada. Para alguien que esté mínimamente involucrado en las problemáticas del arte y la geopolítica contemporáneas, lo nómada supone algo más que el desplazamiento de una exposición de un lugar a otro, y otra cosa que una temática que lo relaciona con lo salvaje animal o lo “bárbaro” humano. Supone al inmigrante ilegal, al desplazado, el refugiado o al exiliado político y a la frontera; supone también la política de los afectos como forma de resistencia, y las formas y expresiones artísticas como desplazamientos del canon de lo bello y la movilidad constante del significante arte. En fin, supone algo más que la transferencia de la figura decimonónica del viajero o el antropólogo, algo que a la hora que se inscribe en su versión posmoderna new age, lo que produce es una pura estetización. Estetización a la que no es ajena el espacio expresamente construido para albergar la exposición Ashes and Snow. El bambú, la iluminación intimista y los ojos de agua que enmarcan los pasillos del recorrido, producen una suerte de Tiki room Zen a la Busch Gardens que no tiene nada que ver con el impulso, si bien caótico, por ello también vital y conflictivo del Zócalo. La pregunta es clara: ¿puede pensarse un espacio de remanso cósmico en el centro de una de las ciudades más grandes y complejas del mundo? ¿Ironía o cinismo? Algo de eso, nada de remanso, pero sobre todo una pregunta que tiene que ver con cuál es la función del arte público como construcción de sociabilidad y lugar político. El mero intento de restituir y simular una complicidad “originaria” entre el espacio natural y lo humano a partir de la interrupción de la función política de lo público, es tomar jugo de uva en lugar de vino, tal y como sucede en las telenovelas. Si en la historia de la política cultural reciente, para la derecha Frida y Diego son capitales retóricos para legitimarse en las tradiciones del arte mexicano globalizado, pareciera que la izquierda coquetea con las formas suavizadas de la sociedad del espectáculo para prometer una modernidad y una vanguardia que por principio no tiene nada que ver con la puesta en escena de paraísos artificiales. Aún más, si quisiéramos limitarnos al mero asunto del diseño urbano, el emplazamiento de este espacio es una obstrucción a la traza del zócalo. Es cierto que lo mismo se podría decir de los templetes para los discursos de propios y ajenos, sin embargo su sentido y función son distintos. Este museo nómada es un espacio que se explica por su interioridad, lo que sin duda lo pone en conflicto con la función al menos histórica que tiene la enorme plancha del centro de la ciudad de México. Para decirlo en una palabra: la intervención de este museo en este espacio supone una transacción entre la noción aséptica del arte como contemplación y la afectación socio-política que lo define. Más fácil, entre la pista de hielo y el museo nómada, el Zócalo es más una suerte de Parque de diversiones que un lugar de flujo político; pero aún así, si tuviera que elegir entre la pista y el museo, prefiero la pista. Ésta al menos se acerca a ciertas formas de lo festivo y lo carnavalesco que le dan mayor legitimidad vital y social.

3. La estetización zen como producción de engaño o el cinismo de la sociedad del espectáculo
Si bien es cierto que una ciudad como espacio fundamentalmente político no se entiende sin la práctica artística como momento crítico de la propia condición de lo político, es importante diferenciar en qué consiste una oferta que apuesta por la educación como construcción de subjetividad crítica y la idea del arte como espectáculo. En la crítica a la ilustración que en su momento hicieran Adorno y Horkheimer a la sociedad de masas, apuntaban las formas en que la industria cultural, uno de los productos más elaborados del capitalismo, era alienante en tanto hacía de la fantasía el instrumento mismo de la ideología dominante. Una maquinaria donde la radio, el cine, la televisión y los medios impresos, son las mediaciones y los soportes de las producciones imaginarias de la cultura como inhibidora de la afectividad y de la crítica. La lógica de homogeneización de éstos opera bajo dos principios: la construcción de visibilidad del producto (objeto) y la fabricación de deseo en el consumidor. Algo a lo que sin duda no se puede sustraer la propuesta de Ashes and Snow, desde la cobertura que Televisa le dio, pasando por la alfombra roja donde el star system del canal de las estrellas desfiló, hasta una estética que sueña con la reconciliación a-histórica del hombre con los animales a partir de los lugares más comunes de la noción del arte. Este museo nómada es un alarde más de la sociedad del espectáculo y su delirio: una producción de la ilusión como engaño. Una maquinaria sin duda bien aceitada que busca elevar la credibiliad de la empresa al promover “actividades” culturales para el “pueblo” a partir de la puesta en escena de sus estrellas, que le representan una doble rentabilidad de imagen, de ahí la importancia de la teatralidad de la pre-inauguración. El objeto de la fantasía del entretenimiento se transfiere como receptor de arte a través del “actor”, el cuerpo del ídolo funciona como mediación entre la empresa y el “pueblo” para justificar la intervención del Zócalo. En suma, una transferencia de la fantasía del entretenimiento como legitimador de un gusto por lo new age. Lo menos que podemos hacer es tener alguna sospecha sobre el modo en que funciona la industria cultural como legitimadora del gusto por el new age: si no nos podemos conciliar con nosotros mismos como sociedad, a lo mejor vale la pena intentar conciliarnos con un elefante, un chimpancé o una ballena.

Barrios. Académico de Filosofía en la UIA y director de la revista Curare. Su más reciente libro
es Símbolos, fantasmas, afectos (Casa Vecina, 2007).

15 comments:

Patricia said...

Aunque un poco apocalíptico, la crítica de José Luis Barrios calza genialmente en la exposición Ashes & Snow de Colbert; la cual se puede fácilmente vincular a la Teoría crítica de Adorno y compañía.

Antes de tener la tarea de leer este artículo o, incluso, de ir a la exposición del museo nómada, ya había leído esta severa crítica de Barrios, publicada en Confabulario del Universal. Este hecho, no puedo negarlo, influyó pesadamente en mi percepción de la ya mencionada exhibición de fotografías y videos del artista canadiense.

A pesar de que en lo personal estoy completamente a favor de la democratización del arte (considero que el arte, independientemente de la reproducción técnica de la que habla Walter Benjamín, sigue teniendo un coto social de status, que le pertenece a una élite “ilustrada”) no me encuentro a favor de que se le etiquete de arte a un evento más social, demagógico y político.


Dice Barrios: “El new age, como toda falacia, parte de un engaño: la idea de considerar que la naturaleza, lo vivo, habita en estado de armonía consigo misma y que en algún momento existió un paraíso perdido donde la serpiente y el hombre convivían en paz perpetua. Como ya lo observara Adorno en el primer tercio del siglo XX: cuando se quiere explicar los hechos históricos y los procesos sociales y culturales por la construcción mítica de lugares originarios y anteriores a la historia, lo que se produce es un engaño”.

Desde que entré en el recinto de bambú, rodeada de una masa abstracta de gente, supe que ésta sería toda una experiencia: la pseudo contemplación estética de obra por obra, más preocupada por no morir asfixiada que por mantener una relación catártica con las fotografías. ¿Así que esto es ir a un museo masivo?, me pregunté.

Entonces, en los breves momentos (instantes) en que pude apreciar las obras, me di cuenta de la construcción perfecta (como no existe en la naturaleza, que es perfecta en sus imperfecciones), no, hiperrealista y sosa de la naturaleza. Es decir, construye escenarios más allá de lo real que exhibe como la realidad. “Un niño dormido sobre un elefante o unos chitas que pacientemente están echados a lado de unos seres humanos, emulan una nostalgia por un paraíso que en realidad nunca existió”.

Creo que hasta conocer los antecedentes de documentalista de G. Colbert, entendí la exposición: una suma de imágenes visualmente espectaculares (y por lo tanto, irreales) que en su conjunto construyen un discurso retórico sobre temas muy new age, como diría Barrios; hablando de un momento y una situación que jamás tuvo lugar: la conciliación de igual a igual entre animales y hombres (¿seremos iguales? A Heidegger le daría un infarto con esta exposición: el Dasein ocultando el logos en la semántica).

De alguna manera, me recordó la advertencia de Verdú sobre la necesidad de nuestra época de espectaculizar la realidad, llevarla a un nivel de perfección tal, que la realidad por sí misma, carece de veracidad. En la naturaleza hay, sobre todo, desbordamiento (lo sublime, más que lo bello), una irracionalidad que Edgar Allan Poe retrataría en El "Descenso al Maelstrón"; y no una “belleza” simétrica y perfectamente armónica de un mundo que es lo que es por la lucha (de la evolución, de la adaptación, de especies por sobrevivir, etc.). A mi modo de ver, al final es mucho más entrañable la belleza sublime de Poe que la composición (casi sin alma, evidentemente preciosista hasta el mínimo detalle) de Colbert.


En fin, definitivamente los videos de Colbert quedarían mejor en el Discovery Chanel, que pega segmentos grabados de animales para construir una narrativa ajena a la “poco atractiva” realidad: el león, que ingeniosamente nombran, no tiene anhelos, esperanzas, fracasos o vicios; tendrá otras cosas.

Al final me quedo con unas irónicas, pero sabias palabras del filósofo:
“[…] entre la pista de hielo y el museo nómada, el Zócalo es más una suerte de Parque de diversiones que un lugar de flujo político; pero aún así, si tuviera que elegir entre la pista y el museo, prefiero la pista. Ésta al menos se acerca a ciertas formas de lo festivo y lo carnavalesco que le dan mayor legitimidad vital y social”. Genial.

Patricia said...

Mucha forma, contenido un tanto recurrente

grilla said...

Creo que más allá de una crítica como la de Barrios en la cual la estatización de la vida, el espacio nómada y la estética utilizada en la exposición, que es en su opinión no más que la “producción de engaño o cinismo de la sociedad del espectáculo”, puede llevarte a una reflexión en la cual predominaría la sensación de que Ashes & Snow no es más que eso: un engaño. Un retrato casual de la naturaleza disfrazado de arte. Esto tendría mucho sentido si pensamos que hoy, todo lo que se ve “bonito” puede ser adjetivado también como artístico. Sin embargo, creo que no es la sensación que me dejó la exposición de Colbert. Es decir que en verdad pararme ahí, frente a esas fotografías generó en inicio algo que considero primordial (no sólo en el arte): una reacción. Y es que no quisiera aquí ponerme a analizar si la exposición es arte o no; ya de inicio me siento incomodada por el hecho de que la fotografía no sea considerada una de las bellas artes… luego me parece aún más difícil descartar un trabajo de investigación y de creación como lo es el museo nómada, simplemente porque comparte la visión “new age”.
Creo que más bien la lectura que le daría a la exposición se inclinaría por el lado de lo estético, y por otro lado, lo que Barrios considera un engaño, una “imposición de la mirada del artista como Sujeto colonizador que estetiza la naturaleza para el deleite contemplativo del habitante de la modernidad postindustrial” yo no le daría una mala connotación, al contrario. ¿No es acaso eso una obra de arte? El autor de una pintura, de una escultura, de una melodía o de una fotografía no hace más que una imitación de la realidad; sin embargo, esta imitación se encuentra plagada de retoques hechos por el autor, lo que la convierte en una mera pieza de ficción. Luego entonces, ¿el engaño generado en toda obra es poco ético?
Ahora bien, con respecto a la opinión de Barrios a cerca de la posible devaluación en el valor de la exposición y del concepto en general gracias a la evidente presencia política, y al lugar en donde fue ubicado el museo nómada, opino que no podemos negar la infinita relación del arte y la política (ni antes ni ahora) y tampoco podemos negar que no habría un mejor lugar que el Zócalo, para traer el museo nómada, si la intención es que todos puedan acercase a él (y con esto no quiero decir que vaya dirigido a todos los que puedan acercarse a él). El mismo Barrios lo dice, qué mejor que en el “sitio público más importante, por lo menos simbólicamente, de todo el país”.
Ya por último, me gustaría agregar que tal vez me equivoque en mi opinión y Barrios esté en lo cierto; tal vez esta exposición no es digna siquiera de un análisis y carece de un trasfondo y es simplemente un engaño. Pero qué si en realidad su objetivo verdaderamente es enaltecer la estética propia de la naturaleza, la convivencia de la especie humana con la misma y finalmente la creación de una relación entre ambas que si bien nunca existió o existirá, ha quedado plasmada en la obra de Colbert ya sea por la “nostalgia por un paraíso que en realidad nunca existió” o simplemente por la intención de retratar (y eso sí, innegablemente, unos retratos majestuosos) una visión que evidencia que la estética de la naturaleza, el arte, el ser humano y la ficción no están peleados y pueden unirse entre sepia y bambú.

karen said...

Me parece que la exposiciòn de Ashes and Snow por Colbert es una experiencia complicada. Por un lado para mi es una exposiciòn que tracendiò fronteras y se me hizo una buena forma de entretenimiento para la sociedad, basàndome en la estètica y convencionalidad del arte. En mi opinión la esposicón me gustó y llego a transmitirme cierta emoción por la forma en que las fotogrfías están tomadas, cabe mencionar que la emoción que sentí no fue por el tema de la exposición. Por otro lado Menciona José Luis Barrios que esta exposición es en cierta forma una distracción polémica que involucra a la política y al arte juntándolos de una forma estratégica , ésto con el fin de manipular de cierta forma con la distracción al pueblo. Estoy totalmente de acuerdo con esta opinión ya que no sólo México sino que varios países del mundo se encuentran en tanto en situaciones políticas como sociales, culturales y económicas que los propios ciudadanos comienzan a interrogarse acerca de un buen o mal gobierno que su país les está dando entonces los propios gobernantes necesitan manipular la mente de los ciudadanos convirtiéndolos en esclavos del entretenimiento esto con el fin de mantenerlos en un estado en el cual la diversión sea un escape a la realidad.

en cierta forma Colbert realiza un excelente trabajo con sus fotografías y con el montaje de exposión en un lugar cómo el zócalo ya que a pesar d elo negativo de la exposición ya antes dicho, el arte es cultura y significa algo más que algo estético, significa una forma de expresión que intenta trascender y formar nuevas tendencias. Habrá quienes critiquen por completo a esta exposición yo por mi parte creo las desventajas y las ventajas de ésta y en mi parecer prefiero asistir a esta forma de entretenimiento que a una pista de patinaje o a una playa artificial.

Gustavo said...

Ashes and Snow es una jugosa muerstra de humanitad y naturaleza; creo que le da al espectador un sentido de ecología, existe un equilibrio ecológico; la obra nos hace sumergirnos en un mundo irreal, en un mundo de algún cuento para niños.Al cruzar las puertas del Museo Nomada puedes sentirte en un lugar lejano, el bullicio de la ciudad desaparece y el tiempo parece detenerse. El Zócalo ya no es más el Zócalo, y esa magia que existe en el centro de la ciudad se percibe diferente, una mezcla de ecos, tradiciones lejanas y un profundo sentimiento de paz. La música y las estructuras de bambú, que parecen flotar, dan un misticismo a todas las imágenes. Existe un ambiente de semiobscuridad con espejos de agua que nos hará dudar de cuál es la imagen real si la que vemos frente a nosotros o la que se encuentra debajo del agua. Los colores de la tierra, se plasman, ámbar, ocres y cafés hacen desaparecer los límites entre los seres humanos y los animales. Se tiene que tener los sentidos muy abiertos, muy atentos a esta sensasional experiencia.

Anonymous said...

Aarón Olivas Grisi

José Luís Barrios experimenta en su discurso, una visión que trastorna todo lo establecido por la vida, si nos pusiéramos en términos aristotélicos, sin embargo, su observación fatalista acerca del arte me parece incorrecta. Barrios parece experimentar aquello que experimentó Fromm dentro de Frankfurt, un escepticismo tal, que lo llevo a creer en el amor como la solución a todo discurso dentro del problema de la industria cultural.
Ashes and Snow me parece más bien una visión experimentalista de lo que pudiera ser una correlación entre el hombre nómada y los animales dentro de un entorno natural. Si las fotos son sobrepuestas o no, es algo que viene sobrando, debido a que la otra cara de la moneda, es decir, la tésis de la exposición, esta perfectamente bien corroborada por las imágenes, por una buena composición, por el uso del sepia como elemento neutral que da cabida a dos mundos dentro de uno solo, por el uso del libro como una imagen que transgiversa lo establecido del conocimiento, en pocas palabras, siento que una exposición de tal calidad y presentación, aunado a una buena complementación de la tesis de Colbert y su buena ejecución crea entonces el arte. Que si bien es cierto que en esta época de la reproductibilidad técnica, podría parecernos imposible, Colbert hace lo debido por alcanzar una buena estética y una teoría inspiradora que refleja en las imágenes.
Barrios se ha caracterizado por su siempre crítica a todo lo existente, pareciera presidente de la cámara de miembros de la teoría de la conspiración o algo por el estilo.
Ashes and Snow es una buen exposición, que complemente una buena técnica, ejecución y teoría, aunada a una muy buena publicidad, es decir, es un objeto de entretenimiento que da mucho más que hablar que las telenovelas de televisa o los programas de concurso.

claudisnanis said...

Empezaré por partes…
Si bien es cierto que su museo nómada instalado en el zócalo de nuestra ciudad parece un castillo fincado sobre bambú, me agrada la forma en la que es presentada la misma. Como es bien habido por todos el arte fue durante siglos restringido para solo unos cuantos, al igual que la educación y los servicios, por lo tanto reo que esta es una gran oportunidad para todos el poder contar con una exposición de esta magnitud.
Lo que si creo es que la fantasía se maneja desde un principio cuando entras dentro de todo ese espectáculo. La promoción SI es excesiva, si llega a cansarnos y el hecho de que se haya convertido en un circo gratuito nos envuelve de una manera agobiante.
Creo firmemente en la democratización del arte, su utilización como entretenimiento y su difusión, pero no al por mayor.

delfina said...

Creo que la expocision está muy bien presentada, el ambiente en el que te envuelves cuando entras y la recorres, corresponde a toda expectativa que puedes tener acerca de la misma. No me pareció nada del otro mundo, se me hace que es una cuestion de espectaculo y de promocion, no tanto una especie de arte orginial o algo asombroso. la cuestion es que hay mucho "show" al rededor de la expocicion, solo se quiere demostrar que algo que se ofrece de manera gratuita puede ser bueno. No se, igual y tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, creo que Barrios es demasiado critico al respecto, al fin del acabo es entretenimiento y cada quien sus gustos no?

Anonymous said...

Si, el New Age está de moda, el Tai Chi es el deporte preferido de los estresados y Gregory Colbert es un poco romantico, pero por lo menos lodró que miles de personas salieran de su casa, apagaran el televisor y pasaran un rato de calidad con su familia en una exposición fotográfica.
En mi opinión, creo que la fotografía preparada y posada existió desde el inició de el uso de cámaras, y por mas que se intente justificar que Colbert prepara sus tomas, y las hace ver como producciones es algo que se ha hecho infinidad de veces. Sin la producción, no habría fotógrafos como David LaChapelle. Si Colbert hubiera intentado dar un ejemplo de la naturaleza en su estado no-humano, hubiera hecho un documental para Discovery Channel y tomado fotos para decorar las páginas de National Geográfic.
El hecho que sea la asociación de Rolex quien se encarge de patrocinar la exposición, si le da una carga social mayor a que si hubiera sido patrocinado por TvAzteca. En lugar de criticar lo que el fenómeno hace, si vemos las fotografías de colbert hay dos cosas muy importantes que en mi opinión ganan mucho mas valor. En primera, estan montadas en un escenario ideal para que las personas que vivimos en la ciudad, y somos dominadas por el Dictador Tráfico, nos acerquemos un poco a la naturaleza, el bambú y el agua no solamente adornan el Museo, si no que ubican a las fotografías en un lugar externo a la sala del museo, si las fotografías de Colbert midieran un un metro de ancho y estuvieran enmarcadas sobre una pared blanca, la experiencia no sería la misma. El segundo factor por el que creo que Ashes and Snow no solamente es un show, es por que tomar ese tipo de fotografías, es IMPOSIBLE, o por lo menos, muy poca gente lo puede hacer. Las fotografías de Colbert requirio paciencia y mucho esfuerzo, al igual que planeación. No son tomas sencillas, los animales son impredecibles y creo que son cosas así las que debe de conocer la gente, para que alguien se robe ideas y en un futuro intente hacer algo mucho mejor.

Anonymous said...

Ashes & Snow
Al principio al ver las fotos en parte no lo podía creer, obviamente eran paisajes montados con animales completamente domesticados. Por otro lado en una secuencia de 4 fotos en donde está una mujer con una pluma en cada mano haciendo un movimiento de 360grados, en un pasillos delimitado por 2 columnas de pilares y un águila on top, llegue a la conclusión de que no sólo los animales ensayaron sino también las personas, la posición del cuerpo (desde la posición total a la de cada elemento en el cuerpo, la modelo tenía una posición perfecta en cada dedo y ortejo de su figura) delataba tal aseveración. Seguí con el primer video, luego el segundo y confirmé que todo llevaba una larga y costosa producción, no muy entiendo a qué se refiere todo el show aparte de ser algo con armonía visual. En el segundo video se escuchan una serie de enunciados del tipo poesía wannabe que no precisamente explican el sentido o trasfondo de la explicación; lo que creo haber entendido es que fueron sus sueños en donde se encontraba con nosotros, o al menos una parte perdida de nosotros (imagino la armonía que nunca hemos tenido o la convivencia perfecta con los animales en donde no existe un ciclo de vida, no sé a cuál de las dos se refiere).
Después de ir, leí el artículo de Barrios, y bueno, ¿qué puedo decir?, como anillo al dedo, una crítica bastante buena. Para no decir más pues sería un plagio textual del artículo me limitó a dar mi conclusión con las palabras de otro: la exposición va de “De la vida como materia estética a la estetización de la vida en la obra de Gregory Colbert” (Barrios), osease creo que es irreal y no lleva ningún sentido.

Neil said...

NEIL NASTA GONZALEZ

Se me hizo una expo, muy original, además de que está de moda todo lo tipo indú.
lo que tengo que recalcar es que aunque mucha gente odie al PRD, este mismo le esta dando un poco de diverscion, empesando con la pista de hielo, luego con la esta expo, donde además de darle entretenimiento, le da cultura a los individuos de nuestro país. La gente a todo lo que es gratis va aunque no le guste, entonces es una manera de motivar al pueblo a quie se rose un poco con aspectos diferentes de cultura.

por otro lado hablando un poco más sobre la expo, me parece un trabajo impecable por parte del fotografo, que cualquiera diría que es fotomontaje, es de admirar la pasciencia que tuvo que haber tenido, para esperar el momento exacto a que el animal se siente, o se pare, o se duerma, o este tranquilo, y no valla a correr en riesgo la vida de quien esta en la foto, ni la de él.

En realidad es fué una gran experiencia, por el valor internaciónal que tiene ASHES & SNOW.

Unknown said...

La verdad es que Colbert ha terminado mas por confundirme que por darme cualquier tipo de sensaciones sobre la naturaleza perdida entre la natualeza y el ser humano (valga la redundancia).

Primero lo primero, la instalacion: impresionante. Ni un pero. Lo segundo, que fui el domingo "dia de la familia" y tuve la fortuna de hacer solo 15 minutos de cola.

Ahora, de lo que es la exposicion en si, me he encontrado enfrentado con mis posturas. Hay cosas que visualmente me han encantado. La estetica de Colbert me encanta, me parece muy bella. Sin embargo su contenido y su mensaje me parecen muy simples y muy manipulados.

Mi hermano argumentaba ese dia que los animales no estaban entrenados y que los cheetahs habian aprendido a vivir con los actores (sin mencionar camaras y equipo de grabacion). Yo evidentemente, no me la creo. Tiendo a pensar que los Cheetahs tienen hambre, y que los humanos somos comida.

La verdad es que al final del dia ya no se si lo que dice Colbert es verdad o no, pero su mensaje ha quedado corto contra la expectativa que llevaba. Si, los animales son bonitos y si, la musica new age tiene 'feeling'. Pero fuera de esto, hay poco que resaltar.

Excepto una cosa mas: Parecia mas un zoologico entre "Mira mijo! El elefante!" que una exposicion de arte. Quizas haya algo de verdad en que es mas entretenimiento que arte...

Unknown said...

El engaño del que se habla en el texto de José Luis Barrios tiene sentido cuando se ven las cosas desde un punto de vista tan pesimista. El engaño y la falsedad de la obra de Colbert no tienen porque ser resaltados cuando desde mi punto de vista es otro el objetivo que tiene el artista. Se habla de montajes y de falsos paisajes cuando lo que en verdad importa es lograr imágenes agradables y armónicas que nos remitan a una convivencia existente o inexistente, posible o imposible entre el hombre y la naturaleza.

La estructura de bambú de Simón Vélez es impresionante y de inmediato lleva al espectador a pensar en lo efímero de la misma, sorprendiendo y dándole más peso a la exposición y al evento en sí. Que el "museo" se encuentre en el Zócalo y la contradicción o ironía que menciona Barrios nos habla de la relación que tiene el arte con la política con la industria del entretenimiento; una combinación difícil y a veces un tanto forzada a fin de lograr diversos objetivos que no siempre tienen que ver con el bien del arte ni de la cultura, pero lo que tenemos que hacer nosotros como ciudadanos y como espectadores es considerar el provecho que sacamos de eventos como este, que ofrecen un tipo de entretenimiento diferente y cargado de un nivel cultural distinto por no decir superior a lo que esta acostumbrada la masa de gente que asistió a la exposición.


En general me incomoda un poco todo este análisis tan profundo de Ashes & Snow , no por defender la exposición porque estoy de acuerdo con algunas de las cosas que plantea Barrios; sin embargo siento que hubiera sido mejor quedarme con mi hora de cola, con el calor que me dió adentro y con la tranquilidad que sentí al ver los videos. Separando mi apatía política y mi desinterés por los análisis filosóficos de esto, siento que mi experiencia personal es más valiosa.

gretadz said...

“Lo maravilloso de los mitos es que explican la vida. Mis imágenes son atemporales y son un mito contemporáneo para explicarnos lo que sucede en la actualidad.”


A lo largo de diez años, Gregory Colbert viajo alrededor del mundo a aquellos lugares en donde el tiempo se congela.
Registró con su cámara historias que conforman la exposición: Ashes & Snow.

Los escenarios en las imágenes color sepia y papel washi remiten a escenarios épicos, o místicos.

Lo interesante de Gregory, es que sus narraciones se construyen tras un largo silencio y con la música interna de los actores, en armonía con los animales en su hábitat.

En el 2002 Ashes and Snow se presento por primera vez en Venecia, un total de 50 imágenes de gran formato en donde ballenas, elefantes, felinos , aves y changos, aparecen interactuando con niños tibetanos y africanos, escuchando el ritmo de la vida.

Lo mas importante para Colbert es el establecer vínculos confidenciales con la gente, para crear la confianza que llega a entender a los animales, su preocupación por el medio ambiente se refiere al interés por la vida en el planeta.

Las imágenes de Colbert se encuentran instaladas en el Museo Nómada y aparecen colocadas en contenedores de barco reutilizables, en donde se muestra un mundo diferente, un mundo silencioso que existe en algún lugar lejano donde los humanos entienden su entorno.

Ahora sus imágenes se han convertido en unas de las mas buscadas del mundo con compradores dispuestos a pagar hasta 350 mil dólares por una sola.

Para el las fotos instantáneas son banales, la memoria es la que juega el papel mas importante. Según Colbert hay quienes toman fotos como registro de que estuviste ahí, “se toman fotos de todos los lugares a los que se va sin observarlos en realidad. “ Creo en la experiencia del viaje, no en la del turismo”

Es una exposición que invita a la reflexión y transforma la mentalidad negativa que se ve hoy en día en el ser humano, en donde se explora las sensibilidades poéticas y el idioma compartido por todos los animales.

gretadz said...

“Lo maravilloso de los mitos es que explican la vida. Mis imágenes son atemporales y son un mito contemporáneo para explicarnos lo que sucede en la actualidad.”


A lo largo de diez años, Gregory Colbert viajo alrededor del mundo a aquellos lugares en donde el tiempo se congela.
Registró con su cámara historias que conforman la exposición: Ashes & Snow.

Los escenarios en las imágenes color sepia y papel washi remiten a escenarios épicos, o místicos.

Lo interesante de Gregory, es que sus narraciones se construyen tras un largo silencio y con la música interna de los actores, en armonía con los animales en su hábitat.

En el 2002 Ashes and Snow se presento por primera vez en Venecia, un total de 50 imágenes de gran formato en donde ballenas, elefantes, felinos , aves y changos, aparecen interactuando con niños tibetanos y africanos, escuchando el ritmo de la vida.

Lo mas importante para Colbert es el establecer vínculos confidenciales con la gente, para crear la confianza que llega a entender a los animales, su preocupación por el medio ambiente se refiere al interés por la vida en el planeta.

Las imágenes de Colbert se encuentran instaladas en el Museo Nómada y aparecen colocadas en contenedores de barco reutilizables, en donde se muestra un mundo diferente, un mundo silencioso que existe en algún lugar lejano donde los humanos entienden su entorno.

Ahora sus imágenes se han convertido en unas de las mas buscadas del mundo con compradores dispuestos a pagar hasta 350 mil dólares por una sola.

Para el las fotos instantáneas son banales, la memoria es la que juega el papel mas importante. Según Colbert hay quienes toman fotos como registro de que estuviste ahí, “se toman fotos de todos los lugares a los que se va sin observarlos en realidad. “ Creo en la experiencia del viaje, no en la del turismo”

Es una exposición que invita a la reflexión y transforma la mentalidad negativa que se ve hoy en día en el ser humano, en donde se explora las sensibilidades poéticas y el idioma compartido por todos los animales.