
EJERCICIO PARA LOS QUE FUERON AL MUSEO DEL ESTANQUILLO:
En el texto de EL ARTE COMO VIVENCIA DEL OCIO se parafrasea a Kandisnsky:
¨Kandinsky en 1910 se preguntaba hacia dónde se dirige la vide encerrada en las obras de arte; las personas leen libros, van a los museo: >>Luego se marchan, tan pobres o tan ricas como entraron , y son absorbidas inmediantamente por sus intereses, que nada tienen que ver con el arte. ¿Por qué vinieron? Cada cuadro encierra misteriosamente toda una vida con muchísimos sufrimientos, dudas, horas de entusiasmo y de luz. ¿Hacia dónde se dirige esta vida ? << El artista crea no como un mero entretenimientop o distracción; lo hace porque tiene que expresar una intuición de realidad y desea compartirla con los demás seres humanos. Las imágenes simbólicas del arte hacen transmisibles esos ámbitos de realidad creada. Instauran mundos y tramas relacionales de sentido que trascienden en el marco espacio-temporal en el que fueron creados y nos abren nuevas posibilidades de participación, recreación y goce. Esta riqueza del arte esbozada apunta a la tarea compleja de la reflexión de estas páginas.
1. Analiza esta frase
2. Utilízala para escribir un breve reporte (2 cuartillas) a partir de los conceptos que aperecen en esta cita.
3. Expresa dónde se aplican y dónde no (los conceptos principales).
4. Describe brevemente la experincia del museo del estanquillo.
9 comments:
Acerca de la pregunta de Kandinsky de “¿hacia donde se dirige la vida encerrada en las obras de arte?”, primero que nada esta frase habla explícitamente de una relación entre arte-observador, el cual es el individui que observa “aquello” que se denomina o alguien decide que es arte.
El arte plasma solo un momento de la vida ciertas personas, ya sea en una pintura, fotografía, texto etc, a mi juicio su intención es transmitir algo de si mismo, lo que esta sintiendo, pero ese sentimiento es muy subjetivo ya que las personas que lo leen, ven u observan, tiene sus propias historias, sus prejuicios y es a través de estos que se puede disfrutar, asombrarse, horrorizarse o no provocar sentimiento alguno.
Mucha gente pensarais que es el ocio lo que te hace asistir a esta clase de lugares (en donde según Kandinsky entras y sales igual a como entraste) para mi no, no es ocio (la mayor parte de las veces) lo que te impulsa y provoca ir a estos lugares, simplemente son las ganas de aprender algo, de tener algo nuevo de lo que careces en se momento, de saber y sentirte que te llevas algo subjetivo de ese artista, de la profundidad, si es que es el caso que la obra te haya impactado. Es obvio que sales igual de pobre o igual de rico cuando entras y sales de alguna galería, pero pienso que lo que te llevas de esas experiencias va mas allá de algo material. Es por eso que no estoy en total acuerdo con lo que esta cita expone.
Museo del Estanquillo
El museo me gusto mucho, me gustan mucho los museos pero si no es algo dinámico o que llame mucho mi atención, suelo aburrirme muy fácilmente. Recorrí los dos primeros pisos y las colecciones de estos me parecieron muy incesantes. Los objetos del primer piso me encantaron, siempre he pensado que divirtiéndose es una muy buena forma de aprender y las cosas de este tienen puntadas muy divertidas. Las maquetas que representan como era la vida y los negocios de principios y mediados del siglo pasado, me parecieron buenísimas y que ilustran a la perfección.
Del segundo piso me gustaron mucho las caricaturas de personalidades mexicanas y también me encantaron las de la Familia Burron y aparte llamaron mucho mi atención ya que mi mama me había contado alguna vez acerca de estas caricaturas. Cuando vi la parte de la lucha libre me acorde que muchos del salón iban a ir y me hubiera encantado ir, pero realmente me fue imposible.
¿Existe un mundo paralelo acaso en donde todo aquello que el hombre inventa o crea para su propio entretenimiento cobra vida? A decir verdad no lo creo, a menos de que nosotros seamos la creación de algunos otros seres en otras dimensiones, Kandinsky habla del arte específicamente relacionado con su observador, con aquella persona que intenta enriquecerse a través de la expresión de otra persona. La pintura, libro, museo, etc. No cobra vida en ningún otra parte más que dentro del espectador, la vida encerrada de la que habla Kandinsky no existe pues nunca se encierra esa pasión esa intención de decir algo lo que sea. Siempre se esta escapando es por eso que una buena obra de arte llama la atención pues esta intenta escapar en todo momento le roba el tiempo a cualquier espectador para después poder vivir con y en el. Es casi imposible que una persona vaya a un museo y salga tan pobre como llego, pues más de una obra le hablará, más de una obra logrará unirse con este espectador para que este le regrese algo, le de sentido y vida a la obra misma, es por eso que después de una unión después de la interacción de ideas entre la obra y el espectador, es casi imposible que este se retire con las mismas ideas con las que llego y sin ningún tipo de reflexión.
La vida de una obra se dirige principalmente si no es que única mente a aquellos espectadores que estén dispuestos a hacer de esa obra algo suyo, que estén dispuestos a ser seducidos por la intención del artista. Y es ahí y así que una obra cobra vida y cobra sentido, pues estas son creadas para expresar para decir y para hacer sentir a alguien más lo que algún día sintió el artista.
Visita al museo.
Museo del Estanquillo
El museo se encuentra en el centro, que desde ahí ya comienza a ser una experiencia muy gratificable, pues no hay nada como caminar en esas calles, las cuales si estas un poco abierto te envuelven en otro ambiente, y si te descuidas hasta en otra época.
Desayune en la Blanca una deliciosa cecina (la recomiendo ampliamente). Después me decidí a entrar en el museo, el cual esta dividido en dos pisos, el primero para ser honesto no fue de mi total agrado, pues este cuenta con una colección histórica de documentos y maquetas que no me llamaron mucho la atención, claro había cosas interesantes pero en general, pase muy rápido este primer piso, ya que no despertó mayor interés en mí.
El segundo piso esta dividido en dos a su vez, la parte de abajo me gusto mucho ya que básicamente a través de las caricaturas políticas como entre dibujos y otras cosas, podía darme cuenta perfectamente a la época a las cuales se referían, unas muy divertidas y unas muy crudas. En este piso comencé a darme cuenta que este museo si era un lugar de entretenimiento. La sección que más me llamo la atención era una en la cual habían caricaturas, periódicos, fotografías, etc. De los sucesos del 68, recuerdo ver mucho desplegados en los cuales se pintaba a la policía y al ejercito como unos orangutanes gigantes con macana lo cual me ayudo mucho a entender como se sentían los estudiantes en esa época, y también para entender y saborear un poco el ambiente que se vivía.
La parte de arriba de este segundo piso, que trata sobre las cantinas y burdeles, me pareció muy divertido y me abrió los ojos en cuanto al viejo cine mexicano, entendiendo desde el origen de Cantinflas hasta el porque, de muchas de sus bromas.
En conclusión podría decir que este museo me gusto mucho, y el haber pasado todo el día en el centro me gusto más, pues de salida del museo antes de irme todavía tuve oportunidad de ir a una dulcería y rellenarme la vista y todo lo que me cabía en la boca con dulces mexicanos, que la verdad si no hubiera pasado nada de lo anterior, bien valían el viaje.
Carlos Slobotzky
La mayoría del público de una obra de arte, sea una pintura, obra de teatro, pieza musical, película, etc., no llega a apreciarla en toda su magnitud porque no puede meterse realmente en la piel del artista a sentir la catarsis al crearla . Quien va al Louvre a ver a la Mona Lisa va porque quiere verla, a veces para comprobar que es real, que existe en lienzo y óleo, no porque quiera identificarse con lo que DaVinci pudo sentir al pintarla. Pero eso no significa que no pueda gozarla o buscar nuevos significados en ella.
El arte a pesar de estar sujeto a la subjetividad de cada persona, es apreciado, admirado por mucha gente porque en cada obra estan depositados pensamientos, puntos de vista y experiencias que son parte de la expericia humana. Todo ser humano puede reconocer algo de sí mismo através de una obra de arte
El museo no puede ser visto como un lugar de ocio por el ocio, hay tanta información alrededor de cada pieza que querer visitar uno solo para perder el tiempo es casi imposible. El mero hecho de poner algo detrás de una vitrina o enmarcarlo y ponerlo detrás de un cordón de terciopelo hace que nos llame la atención el objeto más simple; de repente nos encontramos buscando significados y estudiando una caja de cerillos como la que tenemos todos en la cocina.
Museo del Estanquillo
Este museo es como ver los cajones de tus abuelos, los de tus padres y los tuyos en exhibición. Me pareció como el nuevo Museo de Antropología, del mexicano del siglo XX. Libros, posters del Santo, fotografías de Cantinflas y Tongolele, grabados, juguetes, corcholatas; todo lo que es parte de la cultura kitsch-folclórica de México. La estructura del museo esta pensada para ser entretenida, informal, y lúdica. Uno de los grandes atractivos es el edificio donde esta: La Esmeralda, porque me gusta toda la arquitectura del centro histórico, el cual al salir del museo parece una extensión del mismo. Los posters del 68 me recordaron un poco la nueva imágen del Kinoki, muy revolucionario.
Memo Ortiz Coppola del Estanquillo
Divagando por el museo del estanquillo
Más que un estudio etnográfico, lo que intento hacer es describir mi propia experiencia y las ideas que surgieron en mí como consecuencia de los estímulos que proporciona el museo. Hago esto porque describir el museo en sí o la gente que estaba allí, no sólo resultaría infructífero, seco y gris, sino también aburrido. Me pareció más “entretenido” (o, acaso no es esta una clase de entretenimiento) divagar un rato.
No pude acercarme demasiado a las personas que recorrían el museo quizá porque, a diferencia de las luchas, el museo es un espacio de disfrute interno, más que de exteriorización catártica.
Pero, ¿Qué es el museo del estanquillo? Es un espacio que pretende rescatar, o al menos bosquejar vagamente, la esencia de la ciudad de México, trata de mostrar la identidad mexicana y su construcción a través de los años.
Aunque ayudado de breves pasajes de la historia mexicana y ejemplificando con objetos concretos, el museo pretende ser más que “un viaje por la historia”. El museo trata de “sugerir” lo que es la identidad mexicana (o al menos la visión que tiene Monsivais), no la define, no la analiza, sino que da pie para que el observador sea capaz de intuirla.
Al entrar parece un museo común y corriente, enmarcado por un edificio bonito y limpio, un lustroso piso de madera, con un recorrido específico, una temperatura exacta, líneas rojas pintadas en el suelo para que no las rebases, con cuidadores en cada esquina, con cámaras de seguridad, con el usual aire de sobriedad, con la típica sensación de aislamiento y lleno de objetos que “alguien” catalogó como arte y pensó que se verían “lindos” en un aparador. Al fin y al cabo, es un museo. Pero hay algo diferente. Algo que te atrapa. ¿Es el sonido?. ¿Es el humor de las caricaturas?. No, es la paradoja.
En la primera sala el ambiente sonoro es creado por la campanas repicando, no desde la iglesia de enfrente, sino desde las modernas “bocinas surroaund”. La sala se inunda por una grabación que incluye, entre su repertorio, barullo de gente y la característica canción de organillero. Pero, algo que seguramente no planearon, fue que, por más que trataran de aislar el museo del exterior, cerrando las ventanas y cubriéndolas con una malla especial, bastante artificiosa, aun así se mete el sonido del tráfico, tan típico del centro y en general de la ciudad… Se siente como estar en el centro de la Ciudad… momento… estamos en el centro de la ciudad, para ser específico, en Isabel La Católica, esquina con Madero. Pero, ¿Por qué tanta complicación para re-crear algo que está “afuerita”?
El punto es “la identidad del mexicano”. Y dónde encontrarla mejor que en la misma ciudad de México, con el constante pitido del automovilista desesperado, el retumbar del escape de los camiones, la calle y su himno. Es todo lo que se quedó afuera del museo, que tan minuciosamente trataron de borrar y que sin embargo se impone. Es eso de lo que no hay forma de escapar.
Continuando con el recorrido, encontramos una serie de grabados del México colonial, con imágenes de nuestros gloriosos héroes patrios, que tanto recuerdan las portadas de los libros de texto, propaganda que la SEP se encarga de inculcar desde la primaria.
La primera sala parece un museo de historia, de historia oficial, de historia alineada. Trata de “contar” la historia del México antiguo con coloridas maquetas (el suvenir perfecto para un gringo) musicalizadas con pasajes cargados del “dramatismo chistoso” que tan bien supieron explotar las películas del cine de oro. Las maquetas son como una postal bien “retocada” de cómo debió haberse visto México, o quizá, como nos hubiera gustado que se viera. (Esto son puras especulaciones mías.)
La gente en el museo no se detiene mucho a ver las fotos de esos aristócratas de antaño que sinceramente ya a nadie le importan. Los visitantes, especialmente los que vienen en parejas o tríos, suelen saltan de maqueta en maqueta como abejas tratando de succionar lo más que pueden de la flor, sin perder demasiado tiempo. La mayoría realiza el recorrido rápido, pocas veces se detienen a leer los recuadros informativos. Los adultos maduros son los que se pasean con ritmo más lento.
A pesar de todo, el museo sí cumple su cometido. Refleja la identidad mexicana no sólo por las piezas que exhibe, ni por las citas acertadas pintadas en las paredes, sino porque en su afán de sustraerse de la ciudad, ésta termina rebasándolo. Por más que pone diques para separa el museo del exterior, el mar siempre termina cobrándose su parte.
La gente es la que le da vida, rostros que bien podrían estar fotografiados en la pared, rostros que bien podrían ser una de las múltiples caricaturas, rostros que cambiaron los pantalones caídos a la “cantinflas”, por los pantalones caídos a la “punk”, que cambiaron el huipil por el traje. Es la gente que al ver una maqueta recuerda que a ese lugar lo llevaban de niño, que se trata de identificar con su propia identidad. Que se esfuerza por destilar lo natural de lo artificial. Que busca lo real en la mimesis, porque lo real a secas es demasiado simplón y cotidiano. Es el mexicano que necesita que alguien le cuente su historia para creérsela, que necesita ir a un museo para reconocerse, el que sabe pero no sabe que sabe, el que prefiere la mediación a lo espontáneo, porque, caray, todo se escucha más bonito en palabras rimadas. Y creemos que nosotros somos los que observamos, aunque son las cámaras de seguridad las que nos observan observando. El mismo museo no se pone de acuerdo. Todos los textos están en español, pero las películas que se proyectan en la pantalla tienen subtítulos en inglés, como en ese afán de globalización muy a la mexicana. Ya no hay principio y fin, sino que todo está revuelto, la ciudad está revuelta, la gente esta revuelta.
Y en esta interminable secuencia de sin razones, de absurdos, de paradojas, es donde vislumbramos un destello de lo que llamamos “verdad”, lo real. Porque lo caótico, lo ilógico, lo contradictorio no deja de ser menos cierto.
Y yo, yo también soy parte de esa remediación constante, heme aquí, teorizando sobre supuestos que no son más que supuestos. Racionalizando mis propios instintos. Llenando de palabras algo que es puramente visual. Verbalizando una experiencia, que vale mientras se viva y no mientras se diga. La paradoja de encerrarnos en un cuarto y reproducir el centro histórico, cuando, en realidad, el centro está allá afuera. Ver maquetas de mercados, cuando el mercado está allá afuera. De lo espontáneo fríamente calculado. Y eso es lo sorprendente, que para ver tengamos que vendarnos los ojos.
PD Sé que todo lo que acabo de decir no tiene mucho que ver con los lineamientos planteados en la página, pero esque me equivoqué y ví lo de las luchas en lugar de lo del museo. Me pareció buena la reflexión y por eso la dejé.
Divagando por el museo del estanquillo
Más que un estudio etnográfico, lo que intento hacer es describir mi propia experiencia y las ideas que surgieron en mí como consecuencia de los estímulos que proporciona el museo. Hago esto porque describir el museo en sí o la gente que estaba allí, no sólo resultaría infructífero, seco y gris, sino también aburrido. Me pareció más “entretenido” (o, acaso no es esta una clase de entretenimiento) divagar un rato.
No pude acercarme demasiado a las personas que recorrían el museo quizá porque, a diferencia de las luchas, el museo es un espacio de disfrute interno, más que de exteriorización catártica.
Pero, ¿Qué es el museo del estanquillo? Es un espacio que pretende rescatar, o al menos bosquejar vagamente, la esencia de la ciudad de México, trata de mostrar la identidad mexicana y su construcción a través de los años.
Aunque ayudado de breves pasajes de la historia mexicana y ejemplificando con objetos concretos, el museo pretende ser más que “un viaje por la historia”. El museo trata de “sugerir” lo que es la identidad mexicana (o al menos la visión que tiene Monsivais), no la define, no la analiza, sino que da pie para que el observador sea capaz de intuirla.
Al entrar parece un museo común y corriente, enmarcado por un edificio bonito y limpio, un lustroso piso de madera, con un recorrido específico, una temperatura exacta, líneas rojas pintadas en el suelo para que no las rebases, con cuidadores en cada esquina, con cámaras de seguridad, con el usual aire de sobriedad, con la típica sensación de aislamiento y lleno de objetos que “alguien” catalogó como arte y pensó que se verían “lindos” en un aparador. Al fin y al cabo, es un museo. Pero hay algo diferente. Algo que te atrapa. ¿Es el sonido?. ¿Es el humor de las caricaturas?. No, es la paradoja.
En la primera sala el ambiente sonoro es creado por la campanas repicando, no desde la iglesia de enfrente, sino desde las modernas “bocinas surroaund”. La sala se inunda por una grabación que incluye, entre su repertorio, barullo de gente y la característica canción de organillero. Pero, algo que seguramente no planearon, fue que, por más que trataran de aislar el museo del exterior, cerrando las ventanas y cubriéndolas con una malla especial, bastante artificiosa, aun así se mete el sonido del tráfico, tan típico del centro y en general de la ciudad… Se siente como estar en el centro de la Ciudad… momento… estamos en el centro de la ciudad, para ser específico, en Isabel La Católica, esquina con Madero. Pero, ¿Por qué tanta complicación para re-crear algo que está “afuerita”?
El punto es “la identidad del mexicano”. Y dónde encontrarla mejor que en la misma ciudad de México, con el constante pitido del automovilista desesperado, el retumbar del escape de los camiones, la calle y su himno. Es todo lo que se quedó afuera del museo, que tan minuciosamente trataron de borrar y que sin embargo se impone. Es eso de lo que no hay forma de escapar.
Continuando con el recorrido, encontramos una serie de grabados del México colonial, con imágenes de nuestros gloriosos héroes patrios, que tanto recuerdan las portadas de los libros de texto, propaganda que la SEP se encarga de inculcar desde la primaria.
La primera sala parece un museo de historia, de historia oficial, de historia alineada. Trata de “contar” la historia del México antiguo con coloridas maquetas (el suvenir perfecto para un gringo) musicalizadas con pasajes cargados del “dramatismo chistoso” que tan bien supieron explotar las películas del cine de oro. Las maquetas son como una postal bien “retocada” de cómo debió haberse visto México, o quizá, como nos hubiera gustado que se viera. (Esto son puras especulaciones mías.)
La gente en el museo no se detiene mucho a ver las fotos de esos aristócratas de antaño que sinceramente ya a nadie le importan. Los visitantes, especialmente los que vienen en parejas o tríos, suelen saltan de maqueta en maqueta como abejas tratando de succionar lo más que pueden de la flor, sin perder demasiado tiempo. La mayoría realiza el recorrido rápido, pocas veces se detienen a leer los recuadros informativos. Los adultos maduros son los que se pasean con ritmo más lento.
A pesar de todo, el museo sí cumple su cometido. Refleja la identidad mexicana no sólo por las piezas que exhibe, ni por las citas acertadas pintadas en las paredes, sino porque en su afán de sustraerse de la ciudad, ésta termina rebasándolo. Por más que pone diques para separa el museo del exterior, el mar siempre termina cobrándose su parte.
La gente es la que le da vida, rostros que bien podrían estar fotografiados en la pared, rostros que bien podrían ser una de las múltiples caricaturas, rostros que cambiaron los pantalones caídos a la “cantinflas”, por los pantalones caídos a la “punk”, que cambiaron el huipil por el traje. Es la gente que al ver una maqueta recuerda que a ese lugar lo llevaban de niño, que se trata de identificar con su propia identidad. Que se esfuerza por destilar lo natural de lo artificial. Que busca lo real en la mimesis, porque lo real a secas es demasiado simplón y cotidiano. Es el mexicano que necesita que alguien le cuente su historia para creérsela, que necesita ir a un museo para reconocerse, el que sabe pero no sabe que sabe, el que prefiere la mediación a lo espontáneo, porque, caray, todo se escucha más bonito en palabras rimadas. Y creemos que nosotros somos los que observamos, aunque son las cámaras de seguridad las que nos observan observando. El mismo museo no se pone de acuerdo. Todos los textos están en español, pero las películas que se proyectan en la pantalla tienen subtítulos en inglés, como en ese afán de globalización muy a la mexicana. Ya no hay principio y fin, sino que todo está revuelto, la ciudad está revuelta, la gente esta revuelta.
Y en esta interminable secuencia de sin razones, de absurdos, de paradojas, es donde vislumbramos un destello de lo que llamamos “verdad”, lo real. Porque lo caótico, lo ilógico, lo contradictorio no deja de ser menos cierto.
Y yo, yo también soy parte de esa remediación constante, heme aquí, teorizando sobre supuestos que no son más que supuestos. Racionalizando mis propios instintos. Llenando de palabras algo que es puramente visual. Verbalizando una experiencia, que vale mientras se viva y no mientras se diga. La paradoja de encerrarnos en un cuarto y reproducir el centro histórico, cuando, en realidad, el centro está allá afuera. Ver maquetas de mercados, cuando el mercado está allá afuera. De lo espontáneo fríamente calculado. Y eso es lo sorprendente, que para ver tengamos que vendarnos los ojos.
PD Sé que todo lo que acabo de decir no tiene mucho que ver con los lineamientos planteados en la página, pero esque me equivoqué y ví lo de las luchas en lugar de lo del museo. Me pareció buena la reflexión y por eso la dejé.
¨Kandinsky en 1910 se preguntaba hacia dónde se dirige la vida encerrada en las obras de arte; las personas leen libros, van a los museos: >>Luego se marchan, tan pobres o tan ricas como entraron , y son absorbidas inmediatamente por sus intereses, que nada tienen que ver con el arte. ¿Por qué vinieron? Cada cuadro encierra misteriosamente toda una vida con muchísimos sufrimientos, dudas, horas de entusiasmo y de luz. ¿Hacia dónde se dirige esta vida ? Kandinsky en 1910 nota en la experiencia estética una dicotomía fundamental de la concepción artística ; el arte como producción individual que se vuelve colectiva en la recepción. El individuo produce cierto trabajo a través de horas de esfuerzo, técnica y reflexión, sin embargo, la obra permanece completamente irrelevante hasta el enfrentamiento con el público. La obra nunca podrá permanecer de manera autónoma, su valor estético y artístico dependerá de la conexión establecida con la audiencia. El individuo transmite entonces su propia vivencia , su propio entendimiento del mundo y su propio “tiempo” . En 1986 el director soviético Andrey Tarkovski se plantea la misma pregunta que kandinsky , a la cual encuentra como respuesta: “Creo que el tiempo es la razón por la que una persona va normalmente al cine: por el tiempo pasado, perdido o aún no vivido. Acude al cine para obtener cierta experiencia vital…” Tarkovsky se enfoca en el cine principalmente por su cualidad de “imprimir el tiempo”. Sin embargo, su reflexión podría ser tomada para las demás artes. Después del enfrentamiento con la obra, el espectador únicamente cargará como marca de la recepción cierto estímulo en la conciencia. El estímulo se transformará luego en memoria, sin embargo la memoria producida por la obra de arte casi nunca es el objeto artístico en sí. La marca causada en la memoria va más allá de los aspectos formales de la obra; la verdadera marca no dependerá de los colores, sonidos o movimientos específicos. La marca producida por la obra artística podría tener mayor relación con el concepto japonés de “saba”. “Saba” es el término usado para llamar a las marcas del tiempo impresas en el objeto, un ejemplo podría ser el “desgaste” de las páginas en un libro manoseado por muchas personas. De manera similar la obra de arte imprime cierta vivencia en la conciencia de la persona. No debemos entender al arte como un elemento educativo, pues a pesar de que posiblemente en la obra se nos revela un tiempo vivido por alguien más, esto no implica la reacción moral del espectador. Uno no se vuelve mejor persona al ver un cuadro, sin embargo, tal vez uno tiene un elemento más sobre el cual hacer un juicio , una vivencia más sobre la cual tomar acción.
Museo del estanquillo
En el museo del estanquillo se despliega una interesantísima colección acerca de lo que fueron tal vez los años más activos en la historia de México. Si existe algún museo que nos pueda brindar alguna noción verdadera de aquellos tiempos, ese el museo del estanquillo. En sus paredes cuelgan grabados de tiempos sindicalistas, caricaturas de arquetipos mexicanísimos, fotografías de vidas ya obsoletas y reconstrucciones de lugares que han pasado ya a ser parte del inconsciente colectivo mexicano. Más allá de cualquier otro museo de los tiempos modernos mexicanos, éste revela una verdadera vivencia de tiempos perdidos. En su narrativa no son necesarias maquetas, pies de foto o explicaciones que recuenten fechas y personajes irrelevantes. Las imágenes hablaran para siempre pues más allá de mostrarnos personajes contingentes, muestran el verdadero sentir de la gente, el cual sólo podría encontrar canal en la caricatura y la propaganda. La estética estridentista, el humor de rius y la falta de “formalidad” nos hacen entender más de México que fechas y discursos. Los símbolos presentados son de perfecto entendimiento aun para el extranjero o niño que no comprende la historia de México. La percepción de los artistas se universaliza más allá de las fronteras temporales para volverse en un sentir colectivo que está más allá de las barreras del arte . Las reconstrucciones sonoras de los bares, los salones de baile y las carnicerías hablan más de la identidad del citadino que cualquier campaña política. Asimismo, la serie “lo que el viento a Juárez” dice más de lo que cualquier libro de historia podría decir.
El arte para mi es un tema sumamente profundo.
Lo veo desde una perspectiva activa no un hecho pasivo. El arte no es un fin sino un medio, en donde el artista deja algo de sí en cada obra y cada espectador se lleva una parte consigo-
Pero debo decir que el arte no es para cualquiera, por q no cualquiera humildemente se deja impresionar o se suelta para ser atrapado por la obra.
Existen obras que por alguna extraña razon, nos envuelven y enamoran y la experiencia trasciende. Como lo hace la música, alguna pelicula o cualquier tipo de arte.
Aqui la participacion es un momento concreto, es una unión y un sentimiento que dura indefinidamente en el espectador,pero para el creador dura para siempre-
Envidio a los artistas, envidio su capacidad de expresion, su apertura y capacidad de absorver hasta el más minimo detalle, y su profundidad para dotarlo de un significado que solo unos afortunados pueden dar-
no soy "taller periodismo" soy ceci y continuo...
Para unir un pco estos dos conceptos kandinsky y estanquillo:
los veo un poco distantes, en el caso del museo de estanquillo me parece que su razón de existir es otra a la que alguna ves kandinsky hubiera pensado para la vida del arte en un museo.
Repleto de pequeños detalles que la gente suele adorar, las miniaturas, las fotorafás antiguas que logran transportarte por instantes a un pasado inimaginable.
Me parece que explica de una forma muy clara, consisa y amena la identidad del mexicano.
Me parece muy válida la forma en la que se tienen todas las monerias que nos hablan de un Mexico desconocido por una enorme mayoria, mejor dicho conocido por unos cuantos pero que finalente es lo que nos hace ser y constituirnos como mexicanos hoy en día.
wow, les deja las tareas por blog, o eso parece.
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